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viernes, 28 de febrero de 2014

"EL ÁRBOL INVENCIBLE", leyenda china sobre el origen del arte marcial JUDO


    Hace mucho tiempo, en el mismo corazón de China, existía un vasto y frondoso bosque que había visto cientos de veranos e inviernos. Su hermosura era admirada a lo largo de todo el país y muchos eran los artistas que habían cantado sobre sus maravillas ó las habían inmortalizado en dibujos para la posteridad.

    En él crecían un sin fin de especies de árboles, su terreno era blando y suave como las alfombras de los palacios y la nutrida fauna que lo poblaba le confería una vida digna de un cuento de hadas. No pocas eran las leyendas e historias que se contaban sobre este bosque cuando niños y mayores se sentaban alrededor de las hogueras en las casas de las aldeas circundantes.

    Dentro de aquel mágico bosque destacaban particularmente los gigantescos árboles milenarios, titanes de corteza y hojas que parecían tocar el cielo desafiando a los Dioses. La gente creía que aquellos colosos poseían alma propia y que debían estar dotados de una sabiduría más allá del entendimiento humano.
De todos estos árboles, el más impresionante se alzaba en lo más profundo del laberíntico bosque y parecía reinar sobre toda región. Tenía unas grandes y robustas raíces que se extendían por todo el suelo como ríos de madera, sus hojas brillaban con un verde luminoso y sus ramas parecían atravesar el universo. Cientos de flores de todas las tonalidades lo cubrían formando su manto real y su tronco era tan poderoso que los lugareños le pusieron el nombre de "Torre Verde Celestial". Jamás ningún hacha pudo mancillar semejante encarnación de la fuerza y la solidez.

    Su portentosa majestuosidad le había dotado de un aire casi divino y los aldeanos no paraban de hacer peregrinaciones hasta él. Multitud de ofrendas, rezos, cantos y fiestas lo habían abrigado siempre... duelos mortales, partos de niños, declaraciones de amor, ancianos que se habían tumbado bajo su sombra para morir... Aquel árbol había visto lo que nadie podría ver en toda su vida.

    Mas aquel árbol era tan esplendoroso como altivo y avasallador, pues su tremenda presencia ensombrecía a todos los árboles que se encontraban cerca de él, aun cuando éstos fueran grandes y fuertes también. Todo aquel árbol que intentaba crecer y acercarse al poder de la "Torre Verde Celestial" era engullido por sus raíces y aplastado por sus ramas. Sin duda eso debía pensar un joven y enclenque árbol que se encontraba muy cerca de los dominios del rey del bosque. Era este un árbol de pequeñas proporciones en comparación con el resto, no poseía su vigor ni su belleza. Por ello era completamente ignorado por los aldeanos, ningún canto le fue dedicado jamás.
Parecía que su destino era servir de leña en las fuegos de los hogares mientras su poderoso vecino conquistaba el alma de los hombres.

    Ocurrió que, durante un año desconocido, aconteció un invierno tremendamente duro en la región, tan cruel que se llegó a pensar que era un castigo proveniente de los cielos. Se sucedieron intensas nevadas y huracanes que azotaron los poblados, cubriendo de blanco las casas y los pastos. Desgraciadamente, el bosque no fue ajeno a la ira de los elementos y todos sus árboles sufrieron un duro castigo. Y la "Torre Verde Celestial" no fue una excepción pues, aunque al principio aguantó todas las inclemencias con su poderosa estructura, con el tiempo el peso de la nieve fue poco a poco quebrando sus fuertes ramas y el viento arrancaba poco a poco astillas de su hercúleo tronco y de sus firmes raíces.
Sin embargo, muy cerca de aquel drama, el joven árbol que no debería ser rival para el terrible torbellino invernal, se combaba y se doblaba al son del viento que lo sacudía una y otra vez, una y otra vez... pero siempre volvía a su posición recta. Miles de veces su hojas y su ramas barrieron el suelo con las tremendas sacudidas, pero siempre se alzaba triunfante al final...

    Llegó un día en que el viento fue de una potencia tan terrorífica que, la "Torre Verde Celestial", tan mermada por el lento y continuo castigo a la que había sido sometida, no pudo aguantar más y fue derribada impactando súbitamente contra el suelo con un estruendo que resonó por todo el bosque. Todo su sobrenatural poder no pudo resistir al final a una fuerza que, finalmente, le acabó superando. Su caída supuso el fin de un mito para los aldeanos. Éstos fueron acudiendo al lugar cuando la terrible tormenta pasó, se congregaron asustados alrededor del árbol muerto sin saber qué hacer ni decir...
Pero muy cerca de allí, un pequeño, delgado y joven árbol seguía contemplando el sol, tan erguido y lozano como siempre lo había hecho...

    Tiempo después, se dice que esta historia influyó fuertemente en la creación del JUDO "el camino de la flexibilidad" , famoso arte marcial en el que la victoria se obtiene aprovechando la fuerza del contrincante, sin intentar oponerse a ella...

Autor: Hammer Pain

                     "El que se aferra acaba cayendo, pero el que no se aferra, no teme ninguna caída"
                                                               (Máxima Samurai)



domingo, 3 de noviembre de 2013

"LA GUERRA DE LOS POETAS", historia y leyenda forjadas en el antiguo Japón



    Se cuenta que, en el norte de Japón, convivían con mucha amistad dos clanes familiares poseedores de extensas tierras y bosques. Estos eran el clan Ifune y el clan Mara. Eran sin duda las familias más poderosas del norte del país, la riqueza desbordaba sus hogares y sus negocios mercantiles crecían y crecían a medida que Japón prosperaba. Pero, por encima de todo, eran bien conocidos el cultivo de las artes y las letras que desarrollaban los miembros de estos clanes. Sus cuidados versos podían alegrar hasta al corazón más sombrío, y la energía y fuerza de sus poemas hacían viajar a las mentes por lugares más allá de la imaginación.

    No obstante, la idílica luz que bendecía la vida de los "clanes poetas" pronto tornó en negra oscuridad cuando afloró la codicia que se oculta como una serpiente en el alma del ser humano. Los Ifune y los Mara empezaron a rivalizar por intereses económicos y su amistosa relación comenzó a desaparecer. Los conflictos verbales, las acusaciones, los engaños y los desaires fueron el fuego que prendió la mecha que conducía a la inevitable guerra.

    Y fue ésta una guerra cruel, horrible y sangrienta como todas lo son. Sin embargo, pocos conocen que pasó a la leyenda como la "Guerra de los Poetas", un nombre elegido con vista acertada pues, como ya hemos dicho antes, la poesía era la principal virtud de estos clanes mientras estuvieron en paz... y así también sería su espada más afilada y su escudo más fuerte cuando la guerra los enfrentó.

    Se dice que Yodato, primogénito del clan Mara, capitaneó en cierta ocasión un ataque en mitad de la noche contra un campamento de los Ifune, arrasándolo completamente amparado por la sorpresa y la oscuridad nocturna. Pero mientras los soldados, desarmados y medio dormidos, eran atravesados sin piedad por las espadas y lanzas de los Mara, Yodato reparó en una furtiva sombra que se escabullía lejos de la matanza. De modo que, sin perder un momento, espoleó a su caballo y se lanzó a la persecución de aquel desconocido... y cual sería su sorpresa cuando descubrió que se trataba de Yumio, el primogénito del clan Ifune. Yodato cayó en seguida en la cuenta de que matando a Yumio podría dar el golpe definitivo que decantara la guerra totalmente a favor de su familia. Sus padres y todos los padres que le precedieron durante siglos estarían orgullosos de él.
Sin frenar el galope de su caballo y sin perder el equilibrio, Yodato colocó una flecha en el arco, lo tensó y lo apuntó a la desprotegida espalda del cansado Yumio. Era imposible que fallara desde tan cerca y, saboreado ya la gloria que le esperaba, improviso el siguiente verso: "¡Ah! el vestido empieza a descoserse..." (con lo cual se refería a que el clan Ifune empezaba a deshacerse, a que empezaba el principio del fin para ellos con la muerte de su primogénito). Sin embargo, la mayor sorpresa que se llevó Yodato aquella noche estaba por llegar... pues el jadeante Yumio, a pesar de su desesperada situación, tuvo fuerzas para replicar aquel verso con otro: "¡Ah! pues los años habían pasado ya la tela...".
Así fue como Yodato se detuvo en seco, bajo el arco y vió con su mirada como Yumio desaparecía en la noche. Cuando posteriormente relató este hecho ante sus guerreros, estos le recriminaron con dureza su insensatez al dejar escapar una oportunidad tan inmejorable, pero Yodato argumentó: "Yumio ha demostrado ser digno de mi respeto y admiración. Nunca podría haberle disparado pues él, ante mi verso triunfal y lleno de burla ante su cierta muerte, reunió el valor y el ingenio suficientes como para improvisar un verso que replicaba magistralmente al mío y que representaba el fin del poema. Matar a aquel hombre habría sido matar la poesía".

    El ejército de los Ifune consiguió recuperarse de aquel terrible ataque y, meses después, respondió con una artera emboscada en la que Toshi Mara, hermano de Yodata, fue hecho prisionero. Se le exhibió encadenado en la plaza pública del castillo Ifune donde fue sometido a todo tipo de escarnios y humillaciones.
Mas, cuando restaban pocas horas para su ejecución, Yumio Ifune pasó por la plaza y, señalando a un ciruelo, preguntó al prisionero: "¿Qué es esto?". Toshi, embargado de repente por una inmensa inspiración en la proximidad de la muerte, respondió: "¡Amarga dulzura del ciruelo! Aunque yo muera, nunca dejarás de florecer en primavera". Ante estas palabras, Yumio se conmovió y recordó el suceso con Yodato meses atrás.
Al poco rato, Toshi fue conducido al bosque y puesto en libertad.

    Es esta una historia que recuerda el terror y la violencia que acompañan a las inumerables guerras que estallan entre los seres humanos por los motivos más desconocidos. Pero también recuerda cuan fácilmente los versos y las palabras pueden cambiar el curso de los acontecimientos por encima de la fuerza y las armas.